Pilar Dalbat rinde homenaje al acervo más puro de Granada, la Zambra, que enraizada en el folclore local como uno de los palos más emblemáticos del flamenco, aparece reinterpretada desde el universo contemporáneo de la diseñadora.
“Las palabras zambra, cueva y baile se confunden en Granada. Tradición, arquitectura y cultura conviven en una sola voz.”
Los bloques de la colección secuencialmente ordenados, siguen una cadencia de looks monocolor. Blancos y crudos de cal en la cueva gitana, verde Andalucía de campo y chumbera, dorados de sol y cielo y negros zainos como la noche. El cobre, herencia y riqueza de la cultura local, salpica la colección.
La variedad y mezcla de tejidos nobles como la seda, el tul bordado, el hilo y el algodón cuajado de lentejuelas metalizadas. La marca vuelve a confiar en los talleres locales para la fabricación de sus tejidos alpujarreños 100% reciclados, originales y con carácter rústico. En esta ocasión, bordados al tono recuperan el clásico motivo del refajo andaluz tan presente en festividades, bailes populares y romerías, que converge con el uso de tejidos técnicos y metálicos, mediante los que introduce un contraste contemporáneo.
Zambra es además una apuesta por la reinterpretación de la silueta y el volumen del vestir flamenco: faldas con canesú y capas, volantes desestructurados, camisas de algodón a la cintura y mangas globo evocan el gesto de la danza. Vestidos fluidos y transparencias acompañan el movimiento del cuerpo. Las prendas se transforman, como la zambra, en un rito íntimo y poderoso interpretadas en clave moda. Los bordados artesanales, todos ellos elaborados en el taller de la marca, recuerdan los lunares, flores y filigranas de mantones antiguos, pero se presentan con una estética minimalista y abstracta. Aplicaciones metálicas y costuras a la vista sugieren el mestizaje entre lo urbano y lo ancestral.